Genealogía y memoria histórica: refugiados aragoneses en Francia

Este artículo surge a partir de investigaciones genealógicas desarrolladas durante años por socios, colaboradores y familiares vinculados a AragónGen.

Mediante la consulta de registros civiles, archivos parroquiales y diocesanos, censos históricos, documentación administrativa, fotografías y testimonios orales, ha sido posible reconstruir historias familiares relacionadas con la Guerra Civil Española, el exilio en Francia y el posterior regreso a Aragón.

Estas investigaciones muestran cómo la genealogía puede convertirse en una herramienta fundamental para recuperar la memoria histórica y acercar los grandes acontecimientos del pasado a las experiencias reales de las personas, las familias y las comunidades.

La Guerra Civil provocó uno de los mayores desplazamientos de población de la historia contemporánea española. Miles de hombres, mujeres y niños tuvieron que abandonar sus hogares para escapar de la violencia, los bombardeos, los combates y la represión.

Aragón fue uno de los territorios especialmente afectados por el conflicto. Desde 1936, buena parte de la comunidad quedó dividida por el frente de guerra y numerosas localidades se convirtieron en escenario de combates, evacuaciones y desplazamientos de población.

La provincia de Teruel sufrió particularmente las consecuencias de la guerra. A la dureza de los enfrentamientos se sumaron los movimientos de población que afectaron a numerosos pueblos y familias. Comarcas como el Bajo Martín y el Bajo Aragón vivieron de cerca la guerra, la represión y, posteriormente, el exilio.

Durante décadas, muchas de estas historias sobrevivieron casi exclusivamente en los recuerdos familiares, fotografías antiguas y documentos conservados en los domicilios particulares.

La investigación genealógica permite rescatar parte de esa memoria.

Más allá de los nombres y las fechas, los documentos revelan trayectorias vitales marcadas por el desarraigo, la incertidumbre, la pérdida y la capacidad de adaptación.

La genealogía permite comprender que detrás de los grandes acontecimientos históricos existieron personas concretas y familias enteras obligadas a abandonar sus pueblos y emprender un camino cuyo destino, en muchas ocasiones, desconocían.

Los documentos y testimonios familiares muestran cómo habitantes de pequeñas localidades aragonesas recorrieron cientos de kilómetros hasta alcanzar territorio francés, donde comenzaría una nueva y difícil etapa de sus vidas.

A comienzos de 1939 tuvo lugar el gran éxodo hacia Francia conocido como la Retirada. Cerca de medio millón de españoles atravesaron los Pirineos huyendo de las consecuencias de la derrota republicana. El informe Valière del Gobierno francés contabilizó unos 440.000 refugiados en el sur de Francia, entre ellos unos 170.000 mujeres, niños y ancianos. [cultura.gob.es]

Fotografía antigua de una familia de exiliados aragoneses cruzando la frontera

Niños, madres y abuelos cruzan los Pirineos para huir de una segura represión tras el final de la contienda.

Foto: Arico.

De camino al exilio ya en territorio francés

Paso de refugiados de “La Retirada” en las Cabannes de la Géla (1.800 m), primavera de 1938. Fotografía del Fondo sobre el Éxodo Español, signatura 22NUM1PH2-10, conservada en los Archives départementales des Hautes-Pyrénées (Francia). Licencia: CC BY-SA 4.0.

Tras cruzar la frontera, comenzó otra etapa igualmente incierta.

Las autoridades francesas habilitaron diferentes espacios para recibir, distribuir o internar a los refugiados. Los primeros grandes campos se establecieron en playas como Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien y Le Barcarès. Posteriormente se abrieron otros en el interior, entre ellos los de Bram, Agde, Rivesaltes, Septfonds y Gurs.

Esta distinción resulta importante desde el punto de vista genealógico: no todos los lugares de Francia que aparecen en un documento familiar relacionado con un refugiado fueron necesariamente campos de internamiento.

En las investigaciones y testimonios familiares vinculados a este artículo aparecen localidades como Magnac-Laval, Buxerolles, Agde y Montpellier. Su presencia en los documentos permite seguir diferentes etapas de los desplazamientos de algunas de estas familias por territorio francés.

Campo de refugiados españoles en Francia tras la Guerra Civil Española

Refugiados de la Guerra Civil Española en el campo de la playa de Argelès-sur-Mer, 1939.

Imagen de Albert Belloc extraída del Fondo Belloc. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 4.0 International.

Las condiciones de vida durante el exilio fueron especialmente difíciles.

El hambre, las enfermedades, la separación de las familias y la incertidumbre sobre el futuro marcaron la experiencia de miles de personas. A ello se añadieron las medidas de control e internamiento adoptadas por las autoridades francesas.

Pero los documentos oficiales solo cuentan una parte de la historia.

Las investigaciones genealógicas y los testimonios transmitidos de generación en generación permiten acercarnos a la experiencia cotidiana de aquellas familias.

Entre los recuerdos recuperados en el transcurso de estas investigaciones destacan especialmente las dificultades sufridas por las mujeres que viajaban con niños pequeños, a quienes debían alimentar como podían.

Algunos testimonios familiares recuerdan las largas distancias que tenían que recorrer para conseguir patatas o las salidas nocturnas para recoger verduras con las que poder alimentar a sus hijos.

Son pequeños episodios de la vida cotidiana que difícilmente aparecen reflejados en los grandes relatos históricos, pero que permanecieron grabados en la memoria de quienes los vivieron.

Entre esos recuerdos familiares destaca un episodio aparentemente sencillo, pero profundamente humano.

Durante la huida hacia Francia, unas personas refugiadas reconocieron entre quienes realizaban aquel mismo camino a un antiguo conocido.

Aquel encuentro fortuito les permitió compartir comida y compañía en uno de los momentos más difíciles de su viaje.

Décadas después, aquel pequeño gesto de solidaridad continúa formando parte de la memoria familiar.

Historias como esta muestran la importancia de conservar los testimonios orales. Un recuerdo transmitido de padres a hijos o de abuelos a nietos puede proporcionar una información que ningún registro administrativo conserva: cómo vivieron realmente aquellas personas los acontecimientos que hoy estudiamos como Historia.

Recreación de un episodio de solidaridad vivido durante el exilio republicano de 1939.

El final de la Guerra Civil no significó necesariamente el final de las dificultades.

Mientras algunos refugiados permanecieron definitivamente en Francia, otros regresaron a España.

Para muchos, el retorno significó empezar de nuevo después de años de ausencia, enfrentándose a pérdidas personales, dificultades económicas y profundos cambios en sus comunidades de origen.

Algunas familias reconstruyeron su vida en Aragón mientras otras quedaron divididas entre España y Francia.

El exilio dejó así una huella que no desapareció con quienes lo habían sufrido directamente. Sus consecuencias, sus silencios y sus recuerdos permanecieron durante décadas en las generaciones posteriores.

Hoy, la genealogía y la investigación histórica permiten rescatar muchas de estas experiencias del olvido.

Una fotografía identificada, una partida de nacimiento, un registro parroquial, un censo, una ficha administrativa o un testimonio familiar pueden convertirse en las piezas de un mismo puzle.

Al relacionarlas entre sí podemos reconstruir historias que parecían definitivamente perdidas.

Este es uno de los aspectos más importantes de la investigación genealógica. Su finalidad no tiene por qué limitarse a elaborar un árbol genealógico o acumular nombres, fechas y lugares.

Puede permitirnos reconstruir la trayectoria vital de una persona y situarla dentro de su contexto histórico.

De esta manera, acontecimientos como la Guerra Civil, la Retirada o el exilio dejan de ser únicamente sucesos narrados en los libros de historia y adquieren nombres y apellidos.

🧬 El papel de la investigación genealógica

La recuperación de esta memoria no depende únicamente de los grandes archivos ni de los estudios académicos.

En muchas ocasiones comienza con una caja de fotografías familiares, un documento guardado durante décadas, una anotación cuyo significado se desconocía o el recuerdo de una persona mayor.

A partir de ahí comienza el trabajo paciente del investigador: identificar personas, localizar documentos, comparar fechas, relacionar lugares y contrastar recuerdos con fuentes documentales.

Asociaciones como AragónGen pueden desempeñar un importante papel en esta tarea, fomentando la investigación, el intercambio de información y la difusión de la historia familiar aragonesa.

Gracias a este trabajo es posible comprender mejor cómo acontecimientos como la Guerra Civil, el exilio republicano y la posguerra afectaron a miles de familias de Aragón y, de manera particular, a las procedentes de la provincia de Teruel.

🕯️ Preservar la memoria para las generaciones futuras

La memoria del exilio continúa viva.

Permanece en los archivos, pero también en fotografías familiares, documentos, cartas, nombres anotados al dorso de una imagen y recuerdos transmitidos de una generación a otra.

Recuperar esa documentación, identificar a sus protagonistas y conservar sus testimonios constituye una valiosa contribución al conocimiento de la historia social de Aragón.

También es una forma de recordar a una generación que tuvo que abandonar sus pueblos y sus hogares y que, tras el exilio o el regreso, tuvo que reconstruir su vida.

La genealogía nos permite devolver nombres, familias y pequeñas historias personales a los grandes acontecimientos de la Historia.

Y, al hacerlo, contribuimos a preservar una memoria que forma parte del patrimonio colectivo de Aragón.

Si en tu familia se conserva documentación, fotografías, cartas o testimonios relacionados con aragoneses refugiados en Francia durante o después de la Guerra Civil, esa información puede tener un importante valor genealógico e histórico.

Desde AragónGen queremos contribuir a preservar y difundir la memoria familiar aragonesa. Identificar a las personas que aparecen en una fotografía, documentar un lugar de residencia en Francia o reconstruir el recorrido de una familia puede ayudar a recuperar historias que, de otro modo, podrían desaparecer.

El anecdotario de los libros sacramentales turolenses


Un paseo por las curiosidades que atesora el Archivo Diocesano de Teruel —nombres imposibles, dibujos de obispo, reyes de paso y la letra única de cada cura— y por qué son una mina para quien rastrea sus raíces aragonesas.

Hay quien cree que una partida de bautismo es solo una fecha y dos apellidos. Juan Francisco Sastrón, que acude cada mañana al Archivo Diocesano de Teruel para fotografiar e indexar sus fondos, sabe que a veces es el arranque de una novela. Lo demostró en una charla dedicada al anecdotario de los libros sacramentales turolenses: un recorrido por los hallazgos que va anotando en un cuaderno mientras digitaliza. Las cifras del proyecto ya impresionan —unos 850 libros digitalizados, más de 240.000 fotografías y en torno a 260.000 indexaciones—, y en Teruel hay materia de sobra: el libro sacramental más antiguo conservado data de 1515.

✒️ Cinco libros, mil caligrafías

Los cinco libros sacramentales —bautismos, matrimonios, defunciones (o «funciones»), confirmados y cumplimiento parroquial— se escribieron a mano hasta cerca de 1960. Cada sacerdote los redactaba a su aire, con tal variedad que, como bromea Sastrón, se podrían alinear los ochocientos libros y no habría dos caligrafías iguales; el propio cura cambiaba de letra al estrenar tomo. Las encuadernaciones acompañan el espectáculo: cuero repujado en Rubielos de Mora, vitela adornada a mano en San Miguel de Teruel, páginas coloreadas en Alventosa (1782) o los tomos de Bello y Orihuela del Tremedal.

👤 Nombres que son un mundo

El capítulo de los nombres daría para un libro entero. Entre los varones asoman Procopio, Optato, Ampelio, Basilisco o un desconcertante Hipólito Cloro —«Cloro» no aparece en ningún santoral, sí hubo un emperador romano, Constancio I apodado Cloro —. Entre las mujeres, Abundancia, Termutis o Luxoria. Y hay padres con sentido del humor: con apellidados Salvador Salvador llamó a su hijo Salvador —Salvador Salvador Salvador—, y otro, apellidado Martín Martín, lo bautizó Martín «para no complicarse».

Pero los casos que mejor retratan la época salen de la casa de expósitos. En 1886, el registro civil inscribió a un niño de padres desconocidos como «Firmo, Rúbrico y Sello»: literalmente, la fórmula con que se cierra un documento. Sastrón cuenta que su propio padre llegó a conocerlo de mayor —era empleado municipal y firmaba las nóminas, «Firmo, rúbrico y sello»—. A otro expósito le tocó «Capitán Grande Valiente». La ocurrencia tuvo consecuencias: en la visita pastoral del 13 de enero de 1895, el obispo ordenó por escrito bautizar a los expósitos antes de presentarlos al Registro Civil y ponerles dos o tres nombres de santo, procurando que el segundo y el tercero sirvieran también como apellidos.

En el extremo social opuesto, la ostentación se medía en nombres de pila: una María Josefa de 1717 acumula una veintena (María Josefa, Ana, Joaquina, Raimunda…) y un Pedro Pablo de 1746, diecisiete. No es casualidad: sus apellidos —Dolz del Castellar, Pomar, Sánchez Arizcun— son de infanzones e hidalgos aragoneses. Como recordarán los propios asistentes, también los reyes de España encadenaban largas listas de nombres «para no dejarse ningún santo».

📝 El margen lo cuenta todo

Buena parte del valor genealógico de estos libros vive en los márgenes. Junto a un bautismo suele anotarse la confirmación y el matrimonio posteriores; a veces, la profesión de votos de una monja o el abandono de la fe. Una nota de 1811, en plena Guerra de la Independencia, explica que las actas se asentaron tarde «porque las gentes estaban por los montes por temor a los franceses» y los cinco libros permanecían ocultos. Otro margen corrige, por mandato del provisor, un apellido mal escrito: donde decía «Chulilla» debía decir «Chinchilla». Y en las defunciones no faltan los números: el desglose de un sepelio en sueldos —misas «de alma» a ocho sueldos, misas ordinarias a cuatro— o el nombre del notario que custodiaba el testamento, pista de oro para seguir el rastro de los bienes de una familia.

⚰️ Morir en Teruel

Las causas de muerte del siglo XIX son un pequeño tratado de historia de la medicina y del lenguaje. Sastrón se topó con un «libro de fallidos» —«fallidos» por difuntos, no por impagados, como temía— y con diagnósticos como «muerte por desgracia», «por la salida de los dientes» (un bebé de tres meses) o «por garrotillo», nombre popular de la difteria. Hay esquelas al margen, como la del sacristán Calixto García, muerto de erisipela a los 45 años y enterrado gratis por sus servicios a la iglesia. Y hay reprimendas: en 1774, un obispo prohíbe el «abuso» de las plañideras —llantos, canciones y «extremos ridículos»— y manda expulsar de la iglesia a quien siga perturbando el duelo.

🌳 Oro para el genealogista: el cumplimiento pascual

Si un investigador tuviera que quedarse con una sola serie, quizá elegiría los libros de cumplimiento pascual. Recogían, casa por casa, quién había confesado y comulgado cada año, y muchos párrocos anotaban la calle e incluso el número —una raya horizontal para la confesión, otra vertical para la comunión—. A falta de censos y de registros civiles, son un mapa del vecindario. Sastrón lo vivió en primera persona: en el libro de Terriente de 1877 encontró a sus bisabuelos —él era el médico del pueblo— y hasta a la sirvienta, en la séptima casa de la calle Mayor. Estos libros permiten reconstruir la composición de una familia e incluso rescatar hijos que faltaban. Y cuando todo lo demás ardió o se perdió, son la única prueba: de unos cuarenta pueblos turolenses cuyos libros se quemaron en la Guerra Civil se conservan relaciones sueltas de 1790 y 1796 que, al menos, sitúan a la familia en su lugar.

👑 Cuando la Historia pasa por la parroquia

Entre partida y partida se cuela la gran Historia. En Fuentes Claras, el 23 de abril de 1643, todo el pueblo elige por votación popular a San Fabián y San Sebastián como patronos, un caso que el ponente no ha visto en ningún otro sitio. En Alba, el 19 de mayo de 1719, el cura anota que «descansó e hizo mediodía» en la localidad el rey Felipe V con la reina Isabel de Farnesio, el príncipe Luis y una comitiva de lujo —el cardenal Alberoni, el marqués de Santa Cruz, José Patiño—, que oyó misa en la iglesia.

Un sello de 1811 recuerda la ocupación napoleónica

Un sello de 1811 recuerda la ocupación napoleónica: «Napoleón I, emperador de los franceses y rey de Italia — Gobierno de Aragón». Y en Gea de Albarracín, el libro deja constancia, entre dos bautismos, de la expulsión de los moriscos, una de las comunidades más numerosas de la sierra: unas 3.200 personas.

No faltan las reliquias —Alba llegó a reunir hasta dieciséis, con sus certificados romanos, como el del Lignum Crucis de Jorcas (1763)— ni los árboles genealógicos encuadernados junto a una boda para justificar la dispensa por parentesco, como los de Jorcas y Luco. Hasta hay anotaciones artísticas en las visitas pastorales: en Alpeñés, Bisiedo y Camañas, uno dejó dibujos de su puño y letra… a bolígrafo, delatando lo reciente de la anotación.

🏛️ Un archivo que quiere ser público

Detrás del anecdotario hay un trabajo callado y diario. Sastrón acude al archivo de diez a una; en digitalización son dos personas y en indexación, cinco. Solo en la parroquia de San Miguel han reunido unos 80.000 registros entre bautismos, matrimonios y defunciones. El objetivo declarado es que esos índices no se queden en un ordenador: publicarlos —a través del Obispado o de la asociación AragónGen— con un buscador que permita a cualquier descendiente localizar y solicitar sus partidas. El permiso todavía está pendiente, pero el rumbo es claro. Y para quien busca raíces turolenses, cada uno de esos 850 libros es, además de un archivo, una novela esperando lector.


Artículo elaborado a partir de la conferencia «Anecdotario de los libros sacramentales turolenses», de Juan Francisco Sastrón, colaborador del Archivo Diocesano de Teruel.


Jornadas de Genealogía – 20.º Aniversario de la Asociación

Este año nuestras Jornadas de Genealogía tienen un carácter muy especial: celebramos el 20.º aniversario de la Asociación, y lo hacemos con un programa ampliado de tres días llenos de historia, investigación y divulgación.

Las Jornadas se celebrarán los días 11, 12 y 13 de junio en el Centro Joaquín Roncal (calle San Braulio, 5, Zaragoza), un espacio emblemático para el encuentro cultural.


📌 Programa de las Jornadas

🖼️ Exposición (11, 12 y 13 de junio · 17:00–20:00 h)

Durante los tres días podrá visitarse una exposición de carteles divulgativos sobre genealogía, pensados para explicar en qué consiste esta disciplina y cómo iniciarse en la investigación de la historia familiar.
También se mostrarán trabajos de investigación de socios, como árboles genealógicos y publicaciones especializadas.


🗓️ Jueves, 11 de junio

18:00 h.
Charla: Contadores de historias: cómo dar a conocer nuestras investigaciones de historia familiar
A cargo de Inmaculada Ratia, socia de la Asociación.


🗓️ Viernes, 12 de junio

18:00 h.
Charla: El efecto de la trashumancia en la dispersión de apellidos. El caso del apellido Cativiela de Ansó
A cargo de Pedro Roncalés, socio de la Asociación.


🗓️ Sábado, 13 de junio

10:00 h.
Recepción de asistentes y presentación de la Asociación.

10:45 h.
Charla: Lazos familiares de poder en la Corte de Ramiro I
Por D. Armando Serrano Martínez, Académico de la Real Academia de San Luis.

12:00 h.
Charla: La importancia de las fuentes documentales en la investigación genealógica
Por D. Francisco Zaragoza Ayarza, antiguo archivero de la Diputación Provincial de Zaragoza.


📣 Te esperamos

Las Jornadas están dirigidas tanto a investigadores como a personas interesadas en descubrir la historia de sus familias.
Una oportunidad única para aprender, compartir experiencias y celebrar juntos 20 años de genealogía.

Sugerencia de ocio para este verano

Estimados socios. Hace 2 días  una compañera de Aragongen nos comentó a varios socios una mini-serie muy entretenida y que tiene bastante que ver con la Genealogía, en concreto sobre Genealogía Genética (ADN).

La mini-serie se titula “El Rastro”, se puede ver en Netflix y trata de la investigación de un doble asesinato, que 16 años después de ocurrido, se descubre al asesino utilizando los datos de ADN.

Ya hace unos años escribí un artículo sobre el ADN, podéis verlo aquí

Por Carlos Ramos

Zaragoza según el plano de 1712 y su vecindario de 1723

 

Esta vez queremos volver a compartir otra de las interesantes publicaciones de la Institución Fernando el Católico. Autor: Ballestín Miguel, José María.

En esta publicación se analizan el contexto histórico y el desarrollo urbanístico de la Zaragoza de comienzos del siglo XVIII mediante el detallado estudio de un plano de la ciudad del año 1712, conservado en el Centro Geográfico del Ejército y reproducido ya en una publicación del Colegio de Arquitectos en 1980. Para iluminar dicho plano y poner nombres y apellidos a cada calle y a cada edificio, se acude en esta ocasión al análisis y estudio del Vecindario de Zaragoza del año 1723, el más cercano a la época del plano, y del que se publica ahora la transcripción, dibujando así una Zaragoza en buena parte inédita.

Esta disponible en formato pdf en la web.

https://ifc.dpz.es/publicaciones/ver/id/3614

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